Conversaciones con Bering Comparini
Este es un extracto arbitrario y resumido
de las hilvanadas conversaciones notadas entre mi compañero de colegio Bering
Comparini y yo, que comenzaron en una de esas extraviadas y soñolientas mañanas
en que ventilábamos nuestras imaginaciones y ejercitábamos nuestros
cerebros.
Todo comenzó un día durante una inocente
conversación en Skype acerca del valor de la existencia en referencia a lo que
actualmente existe en yuxtaposición espacio-temporal y en paralelo a lo no
contractual. En otras palabras, nuestra
cháchara incluía todo lo físico y metafísico, lo abstruso y lo simple, lo
filosófico y lo natural, lo sobrenatural y lo imaginativo, la protociencia y la
pseudociencia, lo real y la quintaesencia del creacionismo pseudoclásico.
¿Por qué entramos Bering y yo este tipo de conversaciones tan
conjeturales? La respuesta es muy
simple: los dos somos locos.
Advertencia
El contenido de este escrito se soslaya al
sesgo en manifiesta contra de la imaginaria línea de la cordura, y se disuelve
en la lógica aplicada desde un aspecto nomotético Renacentista. Leer este escrito de inclinaciones lacrimógenas
le pude causar estitiquez mental, diarrea espiritual, derretimiento doctrinal intelectual,
dolencia lógica, tortura silogística, atrición creacionista, deterioro del Sensus Communis del que hablan Aristóteles
y Cicero, y hasta le puede reducir severamente la distancia del Cerínter(1).
(1) El Cerínter es el vector de
la distancia física directa entre el cerebro y el esfínter del ano. Hay muchos que no guardan mucha distancia
entre las válvulas de acepción y los obturadores de salida. Durante la Antigüedad, en los Escritos
Cuneiformes a las personas con falta de distancia Ceríntera se les denominaba
"Dryadalis Mentalia".
De vuelta en materia
Como mencioné anteriormente, todo comenzó
inocentemente con una casta pregunta de Bering que fué el detonante suficiente
para desatar una enriquecedora y profetal discusión acerca del misterio que ha
anonadado al Homo Sapiens desde que hablaba Akkadiano, Eblaite, Elamita,
Hitita, Ugaritic, Luwuiano, Hattic,
Urartian, y Castellano. Las otras
lenguas vinieron después, y aún se sigue hablando de esto.
Bering:
Rodrigo, ¿te has
preguntado alguna vez sobre el entresijo de la existencia?.
Rodrigo:
¿Qué clase de existencia, Bering?
Porque las hay muchas.. como la
existencia de predicado, la semántica, la existencial, la ideológica, la
metafísica...
Bering:
No, me refiero a la existencia referente al
sentido. ¿Cuál es la objetividad cierta de las afirmaciones acerca de la existencia? Tenemos muchas categorías, símbolos, conceptos y abstracciones que usamos sueltamente para articular nuestro conocimiento acerca del mundo, de la historia, y de las cosas que existen.
Rodrigo:
Bering, yo creo que la existencia es
temporal y no existe. El pasado no
existe, y el futuro tampoco existe, lo único que existe es el efímero presente. Quizá debamos mirar hacia algo de existencia
perpetua... ¿Quizá el Tiempo?
Bering:
Humm...
pues sí. Lo fenoménico de esto es
que la existencia no es nada más que el aspecto con que las cosas se manifiestan
ante nuestros sentidos, por lo tanto, esto puede cambiar y dejar de
existir... Humm... ¿el tiempo, ah? ¿Algo
así como el noúmeno?
Segundo plano:
Jí, jí, jí... (risita sonora)
Rodrigo:
Creo que sí. Creo que más que la existencia, el tiempo es
algo así como la intuición intelectual que transciende la existencia. La existencia nace y muere con el Hombre, el
tiempo transciende sin necesidad del Hombre.
Bering:
Entonces la existencia es la consciencia y
existe porque el hombre existe, por lo tanto la existencia no es absoluta. Podría catalogarse como un concepto en que el
hombre posee una esencia eterna
e inmutable de un ser "posible", que puede "existir" en el mundo. Entonces cada uno posee una existencia
diferente y permutable...
Rodrigo:
Tal vez Bering, pero la existencia es
finita y delimitada, no se transmuta ni cambia, y no admite representantes, ¡por
eso es que el creacionismo es falso!
Bering:
¡Apaga el ventilador que nos vas a ensuciar a todos!
Segundo plano:
Jí, jí, jí... (gorgoritos de risa sonora)
Bering:
¿Quién se ríe? ¿Hay una risa por ahí?
Rodrigo:
Sí, es mi hija Giuliana que se ríe. Está mirando unos videos cómicos en su
computador con sus audífonos. – ¡Gigi!
(en Inglés) ¡No te rías tan
fuerte!
Segundo plano:
Oooops!
Sorry!
Rodrigo:
Bueno, se declara día de paz para todos los curas degenerados, los abogados deshonestos, y los políticos falsos, dignos
grumetes de aquel triste buquecito
de Nueva York.
Bering:
Rodrigo, ésa es la clave, lo que existe es
el tiempo. La nada es lo que está fuera
del tiempo. La conciencia del tiempo más
allá de la propia inmediatez de la existencia es la diferencia fundamental del
hombre con respecto al resto de las criaturas del planeta .
Me has creado una nueva línea sobre la cual
pensar sin la asistencia del lenguaje matemático (que en mi caso estoy al
margen) el tiempo es la definición y medida de todo lo reconocible; nada escapa
a él.
El nuevo y viejo anhelo de escapar al
tiempo, "la inmortalidad"; es una definición exacta de la divinidad. Iremos pensando sin poder parar el tiempo.
Segundo plano:
Jí, jí, jí... (risita sonora otra vez)
Rodrigo:
Me alegro de haberte inspirado Bering, y de
paso poder haberte creado una nueva línea de pensamiento para desarrollar; sin
la ayuda de las ordenadas y exactas matemáticas.
Pero, ¿qué es el tiempo, Bering? ¡He ahí la
cuestión mi amigo! A la pregunta le
cuelgan jirones de tontería y de obviedad porque TODOS saben lo que es el
tiempo... pero, ¿lo saben realmente?
Veamos...
Quizá el tiempo; ese material hecho de
pensamientos, de conceptos, percepciones y principios, sea solo el progreso
continuo e indefinido de la existencia real, y quizá sea una larga sucesión de
todos los acontecimientos que ocurrieron, ocurren, y ocurrirán en una imparable
sucesión de momentos irreversibles, siendo el tiempo una constante eterna y
axiomática de cambio infinitamente inmutable que nos sigue desde el primer
yoctosegundo, pasándonos velozmente a través del presente, y perdiéndose en el
infinito futuro donde no lo veremos nunca jamás.
Y contrario a las creencias religiosas que
le adjudican a un "hombre especial" las características de PRINCIPIO
y FIN: "soy el Alfa y el Omega"...
El tiempo no puede ser ni el Alfa ni el Omega porque éstas restringidas
medidas son demasiado finitas: una es un comienzo arbitrario y la otra, el fin
arbitrario. ¡Si hay un
principio, la eternidad no puede existir! ¡Ahí terminan definitivamente! El
tiempo no tiene ninguno de estos cotos porque es eterno; sin principio ni fin.
¿Filosófico dirás, Bering? Ésta es una afilada pregunta con más filo que
sófico...
Ese pequeño gusanito que se arrastra
estentóreamente por la tierra de este planeta y al que llamamos generosamente
"hombre", se empeña en ordenar y medir al tiempo con una increíble
cantidad de componentes ilusorios, reales, y de muchas otras distintas medidas
con las que quiere organizar su lógica y ordenar los innumerables
acontecimientos.
Y se entretiene rompiéndose la cabeza
comparando los lapsos de las efemérides, y los intervalos cronológicos entre
dos puntos, y se impone el finito gravámen de ponderar lo infinito y lo
imponderable; asignándole repertorios misceláneos de medidas de cambio en
empíricas cantidades asociadas con un material real, o con medidas sumidas en
la experiencia consciente y retórica.
Y esto no tiene nada que ver con la
VERDAD. Y la VERDAD de hoy es real, pero
la VERDAD del pasado y del futuro no son más que PROBABILIDADES. Al final, son todas alegorías; simples
grafemas de logogríptica semántica.
Bering:
Pero, ¿qué límites hay? Por ejemplo, en las
matemáticas el concepto de un "límite" se utiliza para describir el
valor que una función o una secuencia de "enfoques" de un índice de
acontecimientos que se acercan a algún valor final. Entiendo que los límites son esenciales para
el cálculo y el análisis matemático en general; y también se utilizan para
poder definir la continuidad en derivadas, integrales, etc.; pero en esto del
"tiempo" no hay nada de eso....
Rodrigo:
Esto es porque las matemáticas se limitan
(entre otras cosas) a los Espacios Topológicos, los que son simplemente estructuras
matemáticas que permiten la definición formal de conceptos como la
convergencia, conectividad y continuidad; todo esto nacido en la teoría. El tiempo no tiene límites. Los "limites" son un pobre concepto
de nuestras distorsionadas mentes que quieren entenderlo y explicarlo todo en
un patético esfuerzo por mantener un control inasible.
Al hombre le encantan los límites. No puede vivir sin ellos. Los límites les dan
"categoría". Lo limitamos
todo, sin excepción alguna: tierras, países, derechos, libertades, futuro,
sueños, amor, comportamiento, dicción, vida y tiempo; y siempre queremos
establecer límites arbitrarios como el Origen y el Apocalipsis; y hasta les
asignamos sexo: "El Padre Tiempo".
Y asombrosamente usamos nuestras ciencias
para encasillar al tiempo en un lugar, en una cajita, y a pesar de que es
eterno, lo queremos encasillar en un "momentico" como diría "Tico". Inventamos el "segundo" usando el
veloz intervalo en la velocidad de la radiación emitida por los átomos del
alcalino metal Cesio, interrumpida rutinariamente por un celular orificio en
una placa de plomo. ¡Y hasta inventamos
el opto-cronómetro! Sin esto ser
suficiente, entonces nos fuímos en pos de inventar el "reloj
biológico"... Ridículo, pero
cierto; ingenioso y brillante también, y todo esto para el confort de nuestras
conformantes mentes que atentan explicar lo que es a veces; inexplicable.
¿Qué cosas, no?
Bering:
Entonces "la inmortalidad" de la
que hablaba antes no es realmente inmortalidad, o una definición de la divinidad, sino otro
artilugio para explicar y apaciguar la glotonería de límites de nuestras complacientes
e intratables naturalezas. Tú dices que
el tiempo transciende sin necesidad del Hombre, por lo tanto, ido el hombre,
ida la divinidad e ida la inmortalidad.
Segundo plano:
Mas risillas estridentes...
Rodrigo:
¡Eureka! La inmortalidad no
existe porque todo lo que muere ya es inmortal.
Para morir hay que nacer y para nacer hay ya que estar muerto o no
existir, y lo muerto o no existente no puede morir, por lo tanto existe solo la
mortalidad. ¡Ni las ideas son
inmortales!
La inmortalidad ha tratado de ser inmortal
desde tiempos "A". Les
preocupó a los Griegos, a los Budistas, a los Cristianos, a los Hinduístas, a
los Islámicos, a los Judaístas, a los Shintoístas, a los Taoístas, a los
Zoroastroístas; y lo mas cómico de todo esto, es que todos ellos y sus
corrientes de límites han incluso desarrollado unas curiosas y creacionistas
"Éticas de Inmortalidad". Como
nadie ha podido conseguir una explicación lógica o cuerda para la inmortalidad,
inventaron el "Más allá", el "Después de la Vida", la
"Otra Vida", "La Reencarnación", y hasta tienen paradas de
descanso como el "Purgatorio", lo que tampoco trabaja. Si esto no es ridículo, no sé lo que es... Y
yo que pensaba que el "Tony
Caluga" era cómico... ¿Qué
cosas, no?
Bering:
Pues bien, entonces el "tiempo"
es más que una invención nuestra, es una dimensión que usamos en la cual los eventos pueden
ordenarse entre el pasado, el presente y el futuro, y que también la usamos para
medir las duraciones de los intervalos entre los acontecimientos. Si esto es así, aquello de que "Soy,
luego existo" es un concepto vanguardista y filosófico bastante
reducido... porque los "presentes" y los "pasados" con
respecto al "tiempo" son muchos.
Ambos tenemos un pasado y un presente, pero mi pasado no es igual al
tuyo a pesar de que el "pasado" del planeta es congruente para los
dos, y el presente mío, a pesar de ser simultáneo al tuyo, es completamente
diferente; ninguno de ellos es parecido al otro. Si le sacamos estos tapujos al
"tiempo" el tiempo es sin duda mortal, pero es eterno. ¿Estoy perdiendo mi
"tiempo" aquí?
Rodrigo:
"Pienso, luego existo" debería
ser, lo que para la mayoría de los Homo Sapiens es, "Existo, y a veces
Pienso".
El tiempo es lo único que es común a todas
las cosas del universo, sin excepciones.
Nada más lo es; ni los dioses, ni el espacio, ni los conceptos, ni la
cronometría ni la inmortalidad. Todos
los acontecimientos tienen una posición temporal con respecto al presente el
que solo dura un yoctosegundo aunque nos parezca de una velocidad geológica;
por lo tanto es también efímeramente transitorio y cambia inagotablemente. Por eso es que no podemos zambullirnos dos
veces en el mismo río, y cada paso que damos, es siempre único aunque
transitemos siempre el mismo camino.
El tiempo sabe más por viejo que por
tiempo. El tiempo es importante en
todo, pero la definición de éste, construída en una forma parametrizable a
todos los campos de conocimiento humano, definitiva y sin circularidad, nos
sigue eludiendo magistralmente. Por eso
es que, mi querido amigo Bering, que te hablo tan desprendidamente de lo que
pienso que es el "tiempo".
En algún momento de nuestra cuerda locura
definimos al "tiempo" como una de las siete cantidades físicas
fundamentales en el sistema de unidades que pretendemos sea universal y que sea
capaz de "medirlo todo". Así
es como entonces utilizamos el tiempo para definir otras cuantías e integridades
inmanentes como por ejemplo, la velocidad.
Me pregunto ¿cómo podríamos usar el tiempo para medir un
pensamiento?
Piénsalo...
Y después nos pondremos pitucos y esgrimiremos nociones e ideas como el
espacio-tiempo o el espacio-crono-temporal, y con estas rudimentarias
herramientas pondremos en duda el cosmos, y enredaremos la filosofía, y nos haremos
parte de la estructura fundamental del universo, y las usaremos para embutirnos
en una dimensión desconocida en la osada inmensidad del infinito proceder
humano que se atreve insolente inventar cosas como "universos
paralelos", "reencarnación", "viajes astrales", las
divinas "sopaipillas pasadas", el omnipotente "mote con huesillos", los
paradisíacos "cuchuflís", y la edénica Caleta
Tortel.
Bering:
¿Cómo conviven el tiempo y la mortalidad? Si el tiempo es inmortal, y la mortalidad una
realidad cronológica del tiempo, ¿entonces nos empeñamos en la
inmortalidad para no dejar mortales a nuestros recuerdos a merced del paso del
tiempo? Quizá sea cierto aquello de que
tratar de entender al tiempo es como querer entender a una suegra... y la
inmortalidad solo tiene valor porque existe la mortalidad. ¿Cómo es que dices tú..? ¿Qué
cosas, no?
Rodrigo:
El tiempo solo tendrá sentido mientras
exista la vida. El "tiempo"
adquiere valor para nosotros solo cuando envejecemos, antes de esto; nunca nos
importó, y todo esto simplemente porque mientras nuestra edad avanza, nuestro
"tiempo" se torna cada vez más cuantificable y entonces se vuelve
personal y subjetivo.
Según la Teogonía de Hesíodo, del alegre himeneo
entre Gea-Tierra y Urano-Cielo nacieron doce hijos. Estos eran seis mujeres: Tea, Rea, Mnemosine,
Temis, Febe y Tetis; y seis varones: Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Japeto y el
pequeño Cronos-Tiempo, el menor y el más terrible de todos ellos.
Además de los anteriores, Gea y Urano,
procrearon a los Cíclopes, esos hombrones grandes de un solo ojo, y también a
los Centímanos, de cincuenta cabezas y cien brazos. Obviamente no había control de la natalidad
en esos tiempos. Conforme iban naciendo sus doce primeros hijos, Urano los
regresaba al vientre materno, con la finalidad de quedarse con el poder para él
sólo.
Pero, cansada y ofendida, Gea decidió
detener a Urano y formando una hoz con un duro diamante se la presentó a sus
hijos pidiendo ayuda para detener al cruento dios. Todos ellos salvo el menor, se aterrorizaron y
se negaron a participar; por lo que Gea le entregó el arma a Cronos y lo ocultó
para que emboscara a Urano-Cielo.
Cronos esperó pacientemente desde su escondite el momento oportuno para vengar las injurias cometidas contra su madre, y aprovechando el instante en que Urano-Cielo yacía descansando y durmiendo sobre su cama, salió furtivamente desde su escondite y rápidamente castró a su padre arrojando los genitales en el mar.
Como éstos (los cojones) aún tenían la
capacidad de engendrar, de las gotas de sangre que cayeron sobre el cuerpo de
Gea-Tierra, nacieron las Erinias, los Gigantes y las Ninfas, y de la espuma que
se formó en el mar, nació Afrodita.
Entonces los Griegos, y nadie más que los Griegos son los culpables de
la invención del tiempo.
Bering:
Y para tí Rodrigo, ¿qué es el
"tiempo"?
Rodrigo:
El "tiempo", mi querido amigo
Bering; es la sola satisfacción de nuestras animadas conversaciones, la
brillante candidez de nuestras ideas, lo efímero y temporal de nuestras
aflicciones, nuestras percepciones del bien y del mal, nuestras intuiciones
acerca del futuro y del pasado, nuestras apreciaciones de realidad y fantasía;
es el peso de nuestro humor, la solidez de la lealtad, y es la realidad del
último segundo de nuestras vidas; tiempo es lo que cambia y se multiplica para
que la Eternidad se quede en un estado simple; pero más que todo esto y por
sobre todas las cosas del universo, para mí; el "tiempo" es cuando
veo en mi pantalla de Skype, la cara esa tuya que aún vibra inquieta e
impaciente con los valores que vivimos y servimos, y que se manifiesta con los
simples placeres de la vida, tan simples, como una sincera y franca sonrisa; y
también "tiempo" es para mí el escuchar la descuidada y estridente
risita de mi hija Giuliana María. Esto,
Bering, y nada más que esto; es el "TIEMPO".
Bering:
Me quitaste las palabras de la boca. Bueno, ya es "tiempo". Hasta mañana Loco.
Rodrigo:
Hasta mañana, Bering. Gracias por tu "tiempo" y el
sacudón intelectual.
Segundo plano:
Jí, jí, jí... otra vez esa risita
estridente y diáfana... Es otra vez la
risa de mi hija Giuliana pero que ahora me sonaba como un anuncio de que el
final de nuestro tiempo se acerca irremediablemente, y el comienzo del tiempo
de ella comienza también irremediablemente, irremediable como el tiempo...
Esa risilla me recordó que al tiempo no le
importa si estamos apurados o nó, y también me recordó de que tengo que armarme
de mi propio tiempo, y buscar motivos para la risa y la misericordia. Además, tengo la risilla de Giuliana a mi lado.
Pues bien, tengo bastante.